En nuestra iglesia el discipulado goza de una importancia radical
para el desarrollo integral del creyente, porque a través
del mismo se va forjando la personalidad del creyente como seguidor
de Cristo.
El discipulado es parte del mandato de la Gran Comisión
de nuestro Señor Jesús “…vayan y hagan
discípulos…”; para una iglesia que esta en
constante crecimiento movida por la fuerte vocación evangelística
que representa, es un área bien importante dentro del Ministerio
Maranatha.
Cuando hablamos de discipular nos estamos refiriendo al cumplimiento
del mandato bíblico que consiste en ir por todo el mundo
predicando el Evangelio, formando seguidores y bautizándolos
e incorporándolos al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia,
con la finalidad de impactar el mundo a través del Poder
de Dios.
La palabra discípulo proviene del latín discipulus,
y significa aprendiz, imitador de su maestro, el equivalente a
la palabra griega mathetes. Como cristianos, debemos ser discípulos
de Jesús, esto es, seguidores de sus enseñanzas,
procurando nuestro crecimiento en Cristo a través de la
Palabra de Dios.
Es nuestro objetivo como iglesia, que cada nuevo creyente se
convierta en un instrumento de poder en las manos de Dios, un
verdadero seguidor de Cristo que llegue a la unidad de la fe y
del conocimiento del Hijo de Dios, de manera que prevalezca y
nunca vuelva atrás.